lunes, 25 de agosto de 2014

LA PASSIVE HOUSE: ENTRE LA EFICIENCIA Y EL EXCESO.


LA PASSIVE HOUSE: ENTRE LA EFICIENCIA Y EL EXCESO.


 La Naturaleza no es tan sabia como parece porque,

si  verdaderamente lo fuera,

no pasaríamos tanto calor en verano y frío en invierno.”

Chumy Chúmez


 






















Con esta “racionalidad” implacable se expresaba Chumy Chúmez en una viñeta, hace muchos años. Sin embargo, tras la estela del chiste, existen mentes empeñadas en corregir esta Naturaleza imperfecta a la que pertenecemos. La Humanidad se ha defendido de las hostilidades del medio de forma bastante eficiente a lo largo de la Historia, lo que le ha convertido en la especie de mayor éxito, tanto que puede poner en peligro su habitat, incluso su propia existencia. El desarrollo del conocimiento científico y la tecnología asociada, no siempre ha llevado aparejado el de la sabiduría y parece que se puede morir de éxito, porque el sueño de la razón produce monstruos.



 

 
 
En 1988, tras unas conversaciones entre el sueco Bo Adamson (Universidad de Lundt) y Wolfgang Feist (Instituto para la Construcción y el Medio Ambiente Alemán), surgió la idea de la CASA PASIVA (Passive House= PH), cuyo desarrollo fue auspiciado por el estado alemán de Essen. La propia Unión Europea, a través de su programa Thermie, financió el Proyecto CEPHEUS (Cost Efficient Passive Houses as European Standards = Coste Eficiente de las Casas Pasivas como Estándar Europeo), que analizó 14 edificios PH con 211 viviendas, entre 1998-2001. Los resultados resultaban muy atractivos, porque planteaban una reducción de costes energéticos próximos al 80% y, aunque estuvieran implicadas tanto las entidades patrocinadoras de las PH, como el propio Passive House Institut (Dirigido por Wolgang Feist), ha influido notablemente en la estrategia Europea 2020, referida a Clima, Energía y Movilidad; en concreto la 20/20/20, reducción del 20% en emisiones de carbono, utilización de un 20% de energías renovables y mejorar un 20% la eficacia en el consumo de energía. Las estrategias se concretan en los “Presupuestos de la UE 2013- 2020” y, en el caso que nos ocupa, el “Séptimo Programa Ambiental de la UE 2013- 2020”. En 2013, siguiendo las Directivas Comunitarias, con retraso, el Gobierno de España aprobó el “RD 235/2013, de 5 de abril, por el que se instaura la certificación energética de los edifcios”, que entre otras medidas establece:


 
 
 








“Disposición adicional segunda. Edificios de consumo de energía casi nulo.
1.- Todos los edificios nuevos que se construyan a partir del 31 de diciembre de 2020 serán edificios de consumo de energía casi nulo. Los requisitos mínimos que deberán satisfacer esos edificios serán los que en su momento se determinen en el Código Técnico de la Edificación.
2.- Todos los edificios nuevos cuya construcción se inicie a partir de diciembre de 2018 que vayan a estar ocupados y que sean de titularidad pública, serán edificios de consumo de energía casi nulo.”



 
 
 
 








Parece una imposición muy radical que será de difícil cumplimiento, aunque se reactive el sector de la edificación y la actividad de las Administraciones asociadas a ello. Ante los requisitos requeridos, todo parece indicar que la tipología de las PH pasa a ser obligatoria, incluso se superan sus criterios, ya que los estudios contemplaban un ahorro del 80%, no del 100 %. Es una apuesta durísima y costosa porque, como es conocida la asimetría de la eficiencia energética de un edificio; una mejora del 80%, se corrige con un incremento del 20% en la  inversión de aislamiento, pero si se quiere evitar el 20% restante, se requiere un incremento adicional del 80% de la inversión. Además, siempre existirá un consumo interno de energía en electrodomésticos, iluminación… y motores de ventilación. Este tipo de demanda viene a ser, en España, la mitad del gasto térmico (un tercio de la energía total), aunque en los países de las PH pueda ser menor (un tercio y un 25% de la energía total) presumiblemente. Es indudable que se trata de un consumo de cierta entidad e inevitable. Se adjunta un gráfico, en el que se puede apreciar la enorme importancia que se otorga a la demanda térmica (calor o frío) y cómo se minimiza la demanda eléctrica de servicio, que es menor que la ventilación mecánica; es discutible, como siempre, depende de la procedencia y no es el caso español, ciertamente.



 
 
 

 
 
Al hablar de tipología lo hago con plena intención, porque los condicionantes de diseño de una PH son tan drásticos que provocan un “nuevo estilo internacional”, con envolventes de gran espesor, huecos de luz sin practicabilidad, ventilación interna mecánica, incremento de instalaciones y dispositivos de control y monitorización, etc… todo para conseguir una estabilidad interior de temperaturas entre 21º- 24º, entre el invierno y el verano. Se dice que los usuarios están muy satisfechos, pero parece deseable que no tengan claustrofobia, porque no podrán abrir ventanas, ni sean sensibles a las vibraciones continuadas de motores, etc… Un entorno doméstico aséptico, ajeno al frío, al calor, al ruido, a la comunicación… receloso de la relación con los demás… con la vida, como se entiende en otras culturas urbanas, más corales y relacionadas con el “Mare Nostrum”, que vió nacer un sentido de “lo urbano”. Ese “mundo burbuja” no puede ignorar que en el exterior la vida sigue, con calor o con frío.
 

 
























La aparición del CTE supuso un refuerzo en las prestaciones térmicas de los edificios, pero, además de ser innecesariamente farragoso, sus programas relacionados (LIDER y CALENER) eran bastante deficientes en su operatividad. La reciente fusión de ambos supone una mejora, pero en el fondo existe una tendencia a un sentido de la edificación “continental”, con una consideración muy parcial, ajena a soluciones climáticas idóneas para determinadas zonas, más mediterráneas. Así lo plantean los arquitectos Pedro A. Díaz Guirado y Aníbal Allepuz Pedreño (profesores de las ETSAS de las Universidades Católica de San Antonio de Murcia y de Alicante, respectívamente) en el artículo “¿Cuánta energía consume su edificio, Mr. Foster?”, publicado en el boletín nº 5 de 2014 del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España, Anexo 14 dedicado a información tecnológica. Concluyen que “El CTE parece estar planteado fundamentalmente para el frío y muestra menor sensibilidad para edificios situados en climas templados. La evaluación debe ser sensible a planteamientos arquitectónicos en zonas cálidas, como los patios, ya que los resultados no arrojan ningún beneficio en verano: puede llevar a simplificaciones que perjudican planteamientos buenos a nivel energético en estos climas… Llevados al límite aislamiento y sistemas constructivos, hay que trabajar con factores que dependen del diseño arquitectónico y el urbanismo hacia el Edificio de Energía Casi Nula.” El CTE asume muchos de los planteamientos que subyacen en el “ambiente europeo” que inspiró las P.H., coincidente con la época de su redacción.
 




















Es comprensible que por razones climatológicas históricas y sin considerar los efectos de un posible cambio climático, las PH concentren su éxito en Centroeuropa, países nórdicos y, en especial, Alemania como cuna y motor de su desarrollo. Sin embargo parece excesivo imponer en otras áreas climáticas este tipo de solución, detrás de la que subyace un sistema de homologación que apunta a un negocio floreciente. De nuevo se llega a una lectura del contexto económico que vivimos, con una U. E. monolítica para algunas cosas, pero no para otras. El éxito de las iniciativas económicas, más allá de su grado de contextualización o fiabilidad, depende de su promoción por países económicamente saneados, que establecen imposiciones desproporcionadas a los que se encuentran en situaciones más desfavorables, críticas o sencillamente diferentes. No parece un buen camino para Europa.


 
La realidad ofrece mucha variedad, incluso en un contexto de relativa homogeneidad como el europeo las estrategias deben ser flexibles, sacando partido de ello pues favorece una riqueza de alternativas y resultados. Las demandas energéticas son sustancialmente diferentes en los países mediterráneos, respecto a los nórdicos; como es fácil de entender. El consumo energético en éstos se orienta hacia los edificios, mientras que en aquéllos prevalece el transporte y se gasta menos en calefacción, aunque se haya incrementado la climatización. Carece de sentido recurrir a un “encapsulado” residencial en condiciones climatológicas más favorables, o diferentes; que no necesitan ventanas herméticas y ventilaciones mecánicas, porque pueden crear corrientes con la existencia de patios; que captan mayor energía solar para los edificios, que crear soportales para protegerse del sol, además de la lluvia, que atemperan el calor con láminas de agua o, en general, se puede recurrir a plantar árboles para absorber el CO²… Soluciones que están en la naturaleza, con procesos físicos simples, ajenos a costosas alternativas tecnológicas. Invocando la eficiencia, se genera la desproporción, que es la antesala del exceso; si alguien quiere y puede hacerlo, que no se lo imponga a los demás. Es mediante la normativa y la obsesión por el control como nos vemos atrapados, de modo creciente, por una burocracia que entorpece no sólo el sentido común y la creatividad, sino la idea de una Europa vieja en sus naciones, pero joven como proyecto unitario.

 
 


En mi despacho, tengo tres cuadros/ “poster” que resumen las principales obras de mi particular “santísima trinidad”: Frank Lloyd Wright, Mies Van der Rohe y Le Corbusier. Cuando veo sus obras aprecio que no cumplen el Código Técnico de la Edificación y me pregunto ¿Cómo es posible? ¿Cómo hemos podido elogiar la Kauffman House- Fallingwater, los laboratorios Johnson, el primer Museo Guggenheim, la casa Tuggendhaut, la casa Fansworth, el rascacielos Seagram, Villa Savoye, la Unidad de Habitación de Marsella, la Iglesia de Ronchamp…? Pero la lista es inabarcable si añadimos a las obras magníficas de los tres grandes, las de otros muchos “grandes” (Aalto, Niemeyer, Tange, Terragni, Sterling… Fisac, Coderch, Sert, De la Sota, Sainz de Oiza, etc?) Sin citar a los contemporáneos, por eso de la distancia. O arquitecturas vernáculas plenamente insertadas en su contexto medioambiental, como Hassan Fathy, o efímeras como Shigeru Ban. Todos los casos citados y sus obras tienen un componente básico de la Arquitectura: la belleza equilibrada. ¿Puede haber edificios bellos con la filosofía de la Passive- House? Puede ser, pero están por conocerse.
 




Siempre he dicho que la mayoría de los arquitectos amamos la Arquitectura, pero vivimos de la Construcción, aunque actualmente no es muy cierto: se subsiste de la burocracia. La hipertrofia del control normativo en la Unión Europea se ha convertido en un monstruo generador de una actividad burocrática, que “añade valor” y pequeños ingresos a masas profesionales subempleadas, cómplices forzosos que aguardan tiempos mejores. El problema es que se pierde el sentido de la proporción y, mediante excesivas capas de “valor añadido”, se incorpora lo innecesario y se pierden la eficiencia y competitividad que tanto preocupan. Nunca se había construido tan poco ni tan caro en lo que son nuevos edificios, aunque lo compensa el descenso del precio del suelo. Con un mercado inmobiliario hundido tras la burbuja, con precios del excedente en venta por debajo del coste de construcción, lo poco que se construye nuevo es bastante más caro que lo anterior. La reflexión se tiñe de nostalgia, cuando se juzga nuestro descorazonador panorama profesional, “refugiado” en encargos burocráticos (certificaciones, tasaciones, peritaciones…), papeles que engrosan expedientes, alejados de la acción real: proyectar y construir. Es inevitable que los arquitectos españoles más jóvenes abandonen el país si quieren conocer y ejercer la profesión para la que estudiaron, aunque sea para proyectar y construir “passive houses”...






jueves, 23 de enero de 2014

GAMONAL: CIRCUNSTANCIA Y SÍNDROME.




1. Burgos tiene un perfil de ciudad media de 180.000 habitantes, conservadora, tranquila y agradable para el visitante. Como casi todas las ciudades españolas su calidad de vida mejoró mucho, desde la llegada de los Ayuntamientos Democráticos, aunque en este caso las mayores transformaciones urbanas se produjeron desde 2002: Desvío del Ferrocarril y recuperación urbana de los terrenos del viejo trazado (proyecto de “masterplan” de Herzog y De Meuron), el complejo de la Evolución Humana (Auditorio, Museo y Centro de Investigación, proyectado por Juan Navarro Baldeweg), Nuevo Hospital, Desarrollo de Rondas interiores, Rehabilitación del Centro Histórico, Referencia y Premio de Movilidad Sostenible, por el desarrollo de un proyecto europeo “Cívitas- Carabel”, etc. Son los principales proyectos ejecutados, aunque existen unos cuántos más de interés, pero de menor entidad. Esta actividad se tradujo en un incremento del endeudamiento, que se agravó con el estallido de la burbuja inmobiliaria y alcanzó 154 millones de euros de deuda viva (851€/ habitante) en 2012, según el Ministerio de Economía, pero la peor amenaza puede ser la deuda de dos consorcios municipales (con antiguas entidades financieras locales) sobre los terrenos del ferrocarril (150 millones) y un polígono industrial (90 millones).




2 El Bulevar Ferroviario, tras la eliminación de la travesía urbana del ferrocarril, es la expresión de una profunda transformación urbanística que afecta a Burgos. Los terrenos directamente afectados abarcan unos 12 kms y unas 200 Has, atraviesa terrenos de muy variada condición (urbanos consolidados, sectores urbanizables, parques periurbanos). El desvío ferroviario está en funcionamiento desde hace años, incluso están urbanizados parte de los terrenos liberados en suelo urbano, los que fueron objeto del “masterplan “ del “Bulevar Ferroviario” realizado por HDM, pero con la crisis la ocupación de solares por edificios, cuyo valor de suelo financiaba la operación urbanística, es muy lenta y subyace en la deuda del consorcio mencionado. Es obvio que una operación de esta magnitud supone una ciudad diferente, de unos 220.000 habitantes; se desarrollará en un plazo dilatado, entre veinte y treinta años, y dependerá de la capacidad de Burgos para mantener su ritmo de desarrollo de los últimos cincuenta años. Las propuestas de HDM se recogieron como modificaciones del Plan General de Ordenación Urbana pero, además, estaba previsto que proyectaran dos edificios para el Consorcio, de los cuales se presentó uno en el Colegio Oficial de Arquitectos y quedó “aparcado sine die”. El bulevar es un proyecto discreto, cuya imagen más singular la aporta la iluminación, mediante unas luminarias suspendidas de cables tendidos desde unos mástiles. Ciertamente el prestigio de “los Pritzker” HDM como diseñadores de edificios no se discute, pero este encargo de bulevar era una escala incómoda para ellos, aunque difícil de resistir ante unos honorarios importantes.



3. Gamonal fue un municipio anexionado que en los años “60” absorbió la mayor parte del proceso desarrollista burgalés (Burgos fue designado Polo de Promoción Industrial en 1963). Este hecho dejó prácticamente inalterada la estructura urbana preexistente, pero produjo un desarrollo urbano acelerado de baja calidad durante los primeros veinte años, cuando el municipio casi dobló su población (de 82.177 a 156.449 habitantes entre 1960 y 1981). Entonces se construía con fuertes densidades y edificios en altura, unas once plantas, sin garajes, de modo que el único aparcamiento posible era el que acogían las calles; el incremento acelerado del parque automovilístico creó en Gamonal un problema histórico pendiente de solución. El visitante se sorprenderá ante el uso natural de la doble o triple fila, incluso por las noches, pero los vecinos han desarrollado un singular sistema de ocupación que parece resolver satisfactoriamente el tema de aparcar sin bloqueos. Cualquier estudio de tráfico y movilidad evidencia la necesidad de aparcamientos y, en agosto de 2005, se iniciaron obras para hacerlo en la avenida Eladio Perlado, pero nada más iniciarlas se produjeron violentos disturbios, muy similares a los de ahora, y ante el rechazo de los vecinos, que no querían la reducción de plazas de aparcamiento en el espacio público, se desestimaron las obras. Entonces no había crisis económica, pero los estudios previos indicaban una reducida demanda de las plazas de garaje a precios inferiores al coste de construcción.



4. El bulevar de la discordia se desarrolla sobre la arteria principal de Gamonal, la calle Vitoria, y asume un diseño de bulevar similar al realizado, según la propuesta de Herzog y De Meuron, sobre los terrenos liberados del Ferrocarril: un carril de circulación en cada sentido, carril de vehículos públicos, carril bici, reducida presencia de aparcamientos en superficie y ampliación de áreas peatonales y arbolado. Parece correcto ante un estado actual manifiestamente mejorable, ya que se acusan todas las limitaciones de sus orígenes y, puesto que los edificios continuarán durante muchos años, la mejora de la calidad urbana debe centrarse en el espacio público y los equipamientos. La sustancial pérdida de plazas de aparcamiento en superficie, sobre el espacio público y gratuitas a pesar de las incomodidades reflejadas, marcan una línea de rechazo fundamental por parte de la mayoría de los vecinos, que no quieren perderlas y plantean la ubicación de aparcamientos en otras zonas de menor impacto comercial.




5. La crisis ha castigado a la población burgalesa (18.000 parados) y de modo especial al barrio de Gamonal (70.000 habitantes). Además el Ayuntamiento ha reducido servicios sociales dentro de sus políticas de austeridad. Se parte de un contexto mucho más desfavorable que el de 2005. La obra prevista supone 8.000.000 € para el tratamiento de un “kilómetro de oro” y otros 5.000.000 €, a asumir por la constructora mediante una concesión administrativa de cuarenta años sobre plazas de garaje a 19.000 €. La carga de la deuda de 851€/ persona, se incrementaría en 45 € más, sin contar costes financieros. La respuesta de los beneficiarios directos ha sido NO. No más deuda y menos si es a costa de la desaparición de servicios existentes menos costosos (empezando por el aparcamiento). El mensaje reiterado de la austeridad ha llegado a los ciudadanos y sus deterioradas economías y ha sorprendido la filosofía tradicional de los políticos, de presentar obras nuevas como mejoras de sus mandatos; como resultado se ha producido un choque violentamente imprevisto, que plantea múltiples reflexiones.


6. Los incidentes creados por el inicio de las obras de un bulevar en el barrio de Gamonal han desbordado, holgadamente, cualquier escenario de conflicto que hubieran imaginado sus principales protagonistas: Ayuntamiento y vecinos, incluso los burgaleses en general. Nadie esperaba ser noticia de portada en los noticiarios internacionales, pero así ha sucedido. Las imágenes de violencia son llamativas y remiten a otros estallidos, en Francia o Inglaterra, pero al pasear por la “zona cero”. En este caso se ha observado un claro criterio selectivo: la destrucción se concretó en locales de entidades financieras (sólo se respetó a Bankinter), además de los contenedores, mobiliario urbano y medios auxiliares de la constructora; el resto de los locales particulares, incluso los que carecen de actividad, no fueron afectados. Esa selección implica que “los vecinos no tiran piedras contra su propio tejado” y evidencia que entre los protagonistas de los incidentes, no había peligrosos “antisistema foráneos” infiltrados. España lleva tiempo en el punto de mira de su estabilidad social. El deterioro económico y su insoportable tasa de paro del 26%, agravado en los jóvenes con la mayor tasa de la U.E. superior al 50%, el desánimo por la corrupción, suponen las bases para una temida conflictividad social; pero, hasta ahora, los españoles han mostrado una gran capacidad de sacrificio y de solidaridad en las estructuras familiares y asistenciales no gubernamentales. Sin embargo, tras seis años de crisis, se anuncia una recuperación financiera, pero una dilatada salida para la generación de empleo. Con la llegada de la crisis se admitió que ésta sería la primera generación, en muchos años, que viviría peor que sus padres; pero se trata más bien de una “generación perdida”, yo diría que “entre paréntesis”, cuyo drama joven es que no se ve el cierre.




7. Las redes sociales son la gran vía de socialización de nuestros días. Es indiscutible su enorme potencial de movilización, pero también se ha constatado su incapacidad para concretar respuestas. Su carácter difuso aporta una promiscuidad inicial que se decanta en una lucha de poder, en las que los más radicales tienen mayores opciones de éxito, a costa de anular a la mayoría. El desconcierto generado por la “primavera árabe” y sus dramáticos resultados posteriores son un ejemplo. Sin esperanzas claras, pero con unas redes sociales de potencial inflamable, incluso se circuló la muerte de un manifestante atropellado por la policía, los jóvenes se alejan del Sistema, lo que supone un serio problema por sus riesgos potenciales. El discurso de Marshall Mc Luhan sobre la calidez de los medios de comunicación ha sido desbordado porque, cuando llegan los medios de comunicación convencionales, la Red ya ha generado la noticia, incluso puede “estar de vuelta”. Es un escenario muy incómodo para la poca agilidad de las Instituciones.


8. El 15 M fue un icono de protesta cívica ante la degradación de un sistema de derechos ciudadanos. Nunca quiso ser nada más que un movimiento de conciencia, lo que ha demostrado ser una aspiración demasiado modesta, también fue noticia de portada y llamó a muchas conciencias, incluso fuera de España; pero fue efímero. Ahora “lo” que se espera y teme es un icono de rebelión social violenta y su contagio; Burgos y su bulevar, que pasaban por allí en un difícil contexto socioeconómico, parecen dar la imagen que los medios aguardaban. La realidad es más sencilla; los vecinos de Gamonal no son estereotipos políticos, como se les trata en los debates de estos días, son gente normal y basta hablar con ellos para ver su decepción por no haber sido escuchados, están molestos por la tensión generada y desconcertados por un protagonismo involuntario. Tiene razón el alcalde, Javier Lacalle, cuando afirma que la paz social es más importante, pero es lamentable que esa violencia injustificable, minoritaria y curiosamente selectiva, concretada en locales de entidades financieras, haya sido clave para ser atendidos. Las ciudades deben tener foros de diálogo que impidan crecer a minorías violentas. Las dificultades del momento requieren acuerdos y los hechos reflexión.





9. Un nuevo contrato ciudadano encubre la percepción de los vecinos del barrio de Gamonal, que es manifiestamente mejorable y tiene un problema histórico de aparcamiento, pero al poder establecido legítimamente, se le plantean criterios de oportunidad y sensibilidad en un contexto de crisis, local y nacional. Lo importante de éste caso es el cambio que supone para una nueva valoración de las políticas locales: “olvidar las inauguraciones, mantener lo existente lo mejor posible y evitar aumentos de deuda e impuestos, porque los ciudadanos no tienen dinero, tras seis años de crisis”. Como diría Javier Marías, es un Nuevo Contrato Social y lo que subyace es un modo de gobierno (gobernanza) menos espectacular, más humilde y transparente, para una Sociedad más compleja e interactiva, pero aún por configurar. La ciudad es de todos y, en este caso, los vecinos han ejercido su “derecho a la ciudad” en lo que les afectaba directamente, su barrio, y han rechazado la propuesta municipal, por argumentos funcionales, pero sobre todo económicos en una situación de crisis. Cuando no hay dinero para encender la calefacción, te cortan la luz, te desahucian o se vive en la penuria, no es razonable incrementar deudas y aumentar impuestos. Este detalle debe ser considerado por los políticos y sacar conclusiones, por el bien de todos.




10. Todos estamos en la Red y los Ayuntamientos no pueden ignorar esa interactividad. La movilización ciudadana pude surgir con facilidad, con razón o sin ella, pero siempre favorecida por la opacidad y las dificultades socioeconómicas. Las Administraciones debe tener un papel activo para transmitir su actuación al ciudadano, basada en la eficiencia y la transparencia. Ello supone la divulgación de los proyecto de interés general que se promueven de “arriba- abajo”, pero debe abrir una vía de participación opuesta, que se genere de “abajo arriba”, de las demandas de mejora más inmediatas al entorno ciudadano y los técnicos, especialmente los arquitectos, debemos ocupar un papel importante para dar forma a esa participación. Una participación verdaderamente democrática, que transciende del mero papel legitimador de la exposición pública con alegaciones, muy respetable, pero insuficiente cuando se dilucidan intereses locales concretos. El caso de Gamonal es un ejemplo, aunque se trate de una arteria urbana principal, el impacto sobre el espacio público es esencialmente local.



11. El “Síndrome de Gamonal” es el indicio del deterioro económico y social, de la realidad de muchos ciudadanos. Es un aviso, como lo fue el 15 M, y los españoles han demostrado madurez y contención, como en la Transición, pero nuestros políticos deben reflexionar sobre la regeneración del Sistema en plena crisis. Son avisos y quizá la próxima vez los hechos puedan ser más graves





domingo, 8 de septiembre de 2013

Javier Carvajal

JAVIER CARVAJAL: UN CONSERVADOR MODERNO.














España, durante el siglo XX, vio ejercer a un amplio grupo de arquitectos de gran calidad, producto de una formación académica muy exigente, que se fue diluyendo progresivamente ante una demanda social más amplia de profesionales, reflejada en unos planes de estudios menos selectivos, aunque no menos operativos. El siglo XXI ha visto una explosión masificadora, en especial tras la proliferación de Universidades privadas. Por desgracia para muchos de estos sólidos profesionales, sus circunstancias vitales fueron bastante negativas: el tradicional retraso económico y cultural español, se vió agravado por nuestra guerra “incivil” y el aislamiento posterior. Casos como Sainz de Oiza, Coderch, Fisac, De la Sota fueron verdaderos creadores e innovadores que hubieran tenido un reconocimiento internacional muy superior, si hubieran vivido en un país no estigmatizado, como el caso español; en un plano posterior podría citarse a MBM, Fernández Alba, Corrales & Molezún… y el mismo Javier Carvajal, grandes arquitectos, pero menos singulares y, tras ellos una constelación de excelentes arquitectos con obra importante, rigurosa, incluso amplia porque los tiempos, de reconstrucción y desarrollo, lo permitían. Tras la llegada de la democracia y la insospechada aparición de la marca “España”, asociada a la transición de una Sociedad creadora, optimista y renacida de un régimen autoritario, los arquitectos españoles, como en otros sectores, comenzaron valorarse incluso en el exterior. La referencia al año 92 es inevitable, pero en torno a los Juegos Olímpicos de Barcelona, única ciudad premiada por el RIBA, y la “Expo” de Sevilla, así como otros eventos posteriores surgió el reconocimiento. Rafael Moneo es una figura de transición, el último de los “clásicos” citados y el primero de la “nueva” Arquitectura Española, en 1996 recibió el premio Pritzker y, además de sus obvios méritos personales, era la expresión del reconocimiento de la nueva situación. La emergencia española también fue .favorecida por la decadencia de Arquitectura y arquitectos en países con la tradición de Italia, algo que debería valorar un Gobierno inteligente (¿) ante una Ley de Servicios Profesionales.






















Javier Carvajal fue uno de esos sólidos arquitectos españoles de la segunda mitad del siglo XX. Su ideología conservadora no le llevó a fórmulas académicas historicistas, todo lo contrario, su arquitectura es profundamente “moderna”, mezclando la vía funcionalista con la expresionista o el organicismo, en un cócktail, aparentemente complejo, pero de resultado sólido y coherente. Javier Carvajal nunca despertó sospechas al Régimen de Franco, lo que favoreció que fuera el catedrático más joven (1.965) y ferviente defensor de la Arquitectura Moderna; para entender lo que era el “ambiente” del Régimen ante las innovaciones culturales, José Antonio Corrales y Ramón Vázquez Molezún, tuvieron problemas y amenazas por su magnífico y reconocido Pabellón Español de la Expo de Bruselas (1958), por eso la llegada de Javier Carvajal supuso un hito para la Arquitectura española del siglo XX. Sus edificios son deudores del “juego magnífico de volúmenes y sombras bajo el sol”, lo que le apunta a cierta retórica monumental, y el rigor en el manejo de materiales se concreta en el dominio del material “moderno” por excelencia: el hormigón. En su obra, como en su docencia, Javier Carvajal aboga por un nuevo “academicismo” funcionalista, sin el menor margen a la duda o la ironía. Esa certeza se concretaba en un control total del proyecto, muy preciso en sus soluciones y logrando, los mejores acabados en sus obras, como reconocían sus compañeros. La cara oculta, el Mr Hyde de Javier Carvajal, fue su impulso a embarcarse en aventuras política muy conservadoras, que nunca le salieron bien, lo que no deja de sorprender, dado su indudable compromiso profesional con la Arquitectura. Su influencia fue grande por múltiples motivos: docencia, calidad, producción, incluso compromiso con la representatividad profesional.



DOCENCIA.- Tuve la suerte de ser alumno de Alejandro de la Sota (Elementos de Composición, que me permitió superar el pánico del primer año y analizar y entender el espacio arquitectónico), Javier Carvajal (Proyectos I, me enseñó a concretar la Arquitectura desde el programa a su formalización), Antonio Vázquez de Castro (Proyectos II, me enseñó el valor del contexto y de la expresión arquitectónica) y Paco Sainz de Oiza (Proyectos III, su asignatura cuatrimestral era como él: la Arquitectura como pasión). Una gran diversidad de visiones arquitectónicas, impartida por excelentes maestros, que se implicaban de modo activo en sus clases. Sería injusto no mencionar, además de los catedráticos, a los buenos profesores correspondientes: José Antonio Pruneda (De la Sota), Luis Gay y Julián Colmenares (Carvajal), Fernando Fauquié (Vazquez de Castro) y Antonio Miranda (Oiza). Siempre se aprende mucho de los compañeros, pero la lista sería muy larga. Como el mundo no puede ser feliz, la turbulencia universitaria de aquellos años reducía bastante el calendario lectivo, pero las clases aportaban un conocimiento impagable, ciertamente. La cátedra de Javier Carvajal era la más pragmática y exigía que los proyectos fueran muy concretos, para ello estructuraba el curso por diferentes temáticas, con programas precisos (vivienda, equipamientos docentes, equipamientos de servicios y propuesta de implantación de proyectos del curso en un entorno concreto). Exigía concreción a los alumnos, así como autocrítica y coherencia para lograr rigor sobre las propuestas, por ello su consejo era que, “dado que inventar es muy difícil, aprendan a copiar bien”. Una corrección de Carvajal podía ser cruel, pero te enfrentaba a la realidad de tu proyecto: un modo de bajar los humos a los aspirantes a un “star system”, que entonces era muy modesto. Siempre fue conocida su capacidad para “ver” proyectos con rapidez y rigor, lo que le hacía muy interesante como jurado de concursos. Además del reconocimiento como catedrático de Proyectos en Madrid y Pamplona, su militancia docente le llevó a ser nombrado Director de las ETSAS de las universidades de Barcelona (1972- 1974) y Las Palmas (1974), pero protagonizando situaciones políticas muy conflictivas.  



CALIDAD.- Es el sello incontestable de las obras de Javier Carvajal, lo que supone destacar tanto por la selección de materiales, como por su ejecución. En general su arquitectura era de alto “standing” y para un público de nivel económico elevado, lo que facilita la monumentalidad ya referida; lo suyo no eran las viviendas protegidas (salvo algún caso raro como unas en el Aaiún), aunque podía hacerlo muy bien, pero se ve muy cómodo con un “status” más aristocrático que burgués, no es casual su vinculación a los locales de Loewe. En su obra se pueden rastrear múltiples influencias funcionalistas y, fiel a su principio, no prevalecía la originalidad o la búsqueda, incluso hubo una época que hacía de Paul Rudolph casi mejor que el propio (pienso en el excelente edificio de la C./ Fernández de la Hoz esquina a C/ Caracas); pero todo ello tenía en común el rigor funcional y la solvencia final del edificio. Ello no impedía ciertas contradicciones respecto al contexto, en el desarrollo de sus cursos como funcionalista convencido, el entorno preexistente del edificio lo consideraba modificable por la aportación de una nueva Arquitectura de mayor calidad y contemporaneidad; el entorno le importaba poco, le interesaba la nueva construcción. La Torre de Valencia es su edificio más conocido y acusa muy bien esta visión personal, de potencial conflicto: su calidad como edificio, choca con el “aplastamiento” de la perspectiva de la Puerta de Alcalá. La riqueza de matices en la fachada (volúmenes de terrazas, huecos casi “tallados”, juegos tubulares de remate de barandillas, movimiento de volúmenes prismáticos, generados por una planta arracimada, geométrica pero de disposición orgánica… un excelente despliegue formal apreciable en la media y corta distancia, pero la plástica de huecos y juegos de sombra en terrazas protegidas del excesivo soleamiento, se desdibuja y vuelve más ciclópea en la lejanía, a pesar de la ligereza de las plantas, ante el predominio de los paneles prefabricados de hormigón granítico. 





PRODUCCIÓN.- El estudio de Javier Carvajal era de los más reconocidos, no le faltaba actividad y era un arquitecto convencido, con enorme capacidad de trabajo pero, sus dedicaciones políticas, sin duda evitaron una mayor producción arquitectónica. El Pabellón Español en la Feria Mundial de New York en 1963 fue la obra que le supuso un reconocimiento dentro y fuera de España y en ella se inicia su relación con los prefabricados de hormigón, que será una constante en la mayoría de sus edificios. Aunque Madrid es la ciudad que guarda más obra suya, trabajó en casi toda España. Los proyectos son numerosos y variados, destacan las viviendas y edificios de oficinas, pero tiene importantes proyectos de hoteles y centros docentes, etc. Sus encargos de viviendas unifamiliares suelen responder a grandes mansiones y entre ellas destaca su propia vivienda en Somosaguas (1966). Los tiempos de la Transición y posteriores, además de la profundidad de los cambios, no fueron buenos para él, porque dejó de ser un referente como figura arquitectónica, y pasó a la prevención política por parte de algunas Administraciones. Sin embargo, mantuvo la actividad, su labor docente se centró en la Universidad de Navarra y realizó nuevos edificios, incorporando tendencias más ligeras y menos ciclópeas, utilizando más paramentos de vidrio y menos de prefabricado de hormigón, como Adriática de Seguros (hoy Allianz), etc... Sin embargo, continuó manteniendo el culto a la arista y la contundencia de los planos y la volumetría de las fachadas.



IMPLICACIÓN CON LA PROFESIÓN.- Javier Carvajal no disimulaba su egolatría, al inicio de los “70”  se consideraba el mejor arquitecto de España y de los mejores del mundo, sin ningún pudor. Ello no impidió que tuviera el reconocimiento profesional de sus colegas, con independencia de aspectos ideológicos. Fue Decano del COAM entre 1971- 1974, una Junta de Gobierno afín al Régimen de Franco. El paso del tiempo le volvió más tolerante y, aunque reconocía que tenía un “pronto” muy malo, volvió de nuevo a ser Decano del COAM (1998-1999), en un período de fuertes tensiones internas tras un cisma por la inhabilitación (1.998) de Luis del Rey por el CSCAE. Entonces los Decanos del COAM eran efímeros, incluso simultáneos y Javier Carvajal había bajado su prepotencia de los primeros años “70”, que yo “disfruté”, y contribuyó a dar salida a una situación muy complicada. Lo cierto es que, aunque no fuera un “inventor” de Arquitecturas, su rigurosa y renovadora influencia académica no es ajena  al éxito posterior de la Arquitectura Española. 



La obra de Javier Carvajal se encuentra en muchas ciudades españolas, aunque sus edificios más conocidos están en Madrid, como el caso de los que ilustran este texto.